Hay días que puedo con todo, hay días en los que todo me puede

Para que los días malos se pongan de nuestra parte debemos ser capaces de reiniciarnos, como si fuésemos un ordenador, y dejarnos llevar por el fluir de los acontecimientos.

Seguro que recuerdas días en los que te has planteado que “quién te mandaría levantarte de la cama”. Días rasgados en los que nos toca aterrizar en un mundo que es más gélido que los sueños desagradables con los que a veces nos invade Morfeo.

Días en los que los pasos retumban más que cuando vas con tacones y en los que la suerte aprieta más allá de los sudores fríos.

Muchos de esos días tienes la intuición de que se torcerán antes de poner un pie en el suelo. Vas a la cocina y recuerdas que no tienes tu desayuno habitual, ese que te da energía y que no fuerza mucho a tu sistema digestivo.

Entonces tienes que decidir entre improvisar o pasar directamente del desayuno.

Piensa lo que es realmente un día horrible

Un día horrible es un día en que te despiden del trabajo cuando tienes una familia que depende de ti, cuando te atropellan y terminas en un hospital, cuando te informan de que tu hijo ha tenido un accidente, etc

Salir de un día malo

Pues ¡manos a la obra con nuestra mente! Toca reorganizar el día de manera que simulemos que nos volvemos a levantar .

Fuente

Los días malos se disuelven

Para encarar los días malos debemos atender a nuestras emociones, a qué es lo que está provocando ese malestar.

De esta manera, debemos adquirir una adecuada capacidad de observaciónpara tener la suficiente habilidad para distanciarnos de la situación y ver con objetividad por las cosas.

Por lo tanto, detente, analiza, respira y aprende a actuar conveniente para salir de este tipo de situaciones: fluye pese al malestar.

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